Semblanza de D. Antonio García Delgado - D. Jesús Villafruela Olmos

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Semblanza de D. Antonio García Delgado - D. Jesús Villafruela Olmos
HOMBRE BUENO
ANTONIO PROFESIONAL
BINOMIO ANTONIO - LUTHER
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Fragmento de la intervención:

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Don Antonio García Delgado


Buenas Tardes


Estamos reunidos en el recién inaugurado Auditorio Antonio García Delgado para evidenciar su recuerdo y hacer efectiva una deuda pendiente de reconocimiento a su obra y, sobre todo, a su persona.


A los que tuvimos la fortuna de conocer a Antonio y disfrutar de su cercanía, no nos es fácil hablar en público de él sin que nos traicionen los sentimientos. Pero nuestro deseo es hacerlo hoy más presente, si cabe, que nunca porque “sentimos que él sigue ahí”, próximo, en cada rincón, subiendo y bajando escaleras, moviéndose y recorriendo pasillos, o sentado al otro lado de la mesa de su despacho observando, como él sabía mirar, el transcurrir de cada día.


Hacer la semblanza de Antonio, es asomarse a los valores y facultades que configuraron su personalidad. Recordar a Antonio es revivir junto a él vivencias, retos y proyectos; es, en una palabra, seguir compartiendo su presente entre nosotros. Pero, a pesar de lo complejo de esta tarea, he de confesar que me siento afortunado de tener esta oportunidad, que asumo en nombre de los presentes, con el respeto e íntima satisfacción que me produce el poder hablar en público de un amigo…, de mi amigo Antonio.


La figura de Antonio, enorme ya en vida, se ha ido agrandando con el paso de los meses hasta el punto de no poder abarcarla fácilmente en todos sus matices. Es por ello que me detendré en las tres dimensiones más visibles de su vida: Antonio como persona, como profesional y como empresario.


ANTONIO PERSONA


Hablar de la persona de Antonio, es identificar a un hombre “inquieto en su quehacer y amante de su gente”; es reconocer su humanidad y capacidad para escuchar. Es ver su mano tendida y su actitud de respeto a otras ideas y doctrinas; es apreciar su amor por la naturaleza. Él tuvo como grandes principios: ser “amigo de sus amigos, fiel y cordial; hombre de sueños y de ilusiones; buen conversador y enamorado de su obra, el Luther King”, que supo compartir con el otro gran amor de su vida: su familia, con todo lo que para él significó como valor añadido.

Su familia es el fortín que guardó con celo y protegió con sigilo. Los pilares de esta fortaleza son, primero, su mujer e hijos: Pilar, Iván y Elena, más tarde se incorporan Helena Ciudad y José Eduardo; sus padres; sus hermanos, principalmente quienes han compartido con él 40 años de su vida en Tenerife: Adolfo y Zoraida, Álvaro y Vivy, Alfredo y Nati; su nieta Eva y el futuro nieto; sobrinos y familia política. De todos ellos, Antonio disfrutó y a todos, les premió con su cariño.


Esta gran familia, que es quien mejor y más lo ha conocido y lo ha querido, lo veía en la intimidad como un “buscador de la felicidad en el hogar, en el trabajo y en los amigos”. Alguien que, con cierto resabio de “humor sano en sus silencios”, le gustaba el campo que le recordaba su niñez; alguien, obsesionado por el trabajo de calidad, también por la escuela competitiva y moderna y por la disciplina que ordena la convivencia, como figura en la columna del escudo del Colegio.